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Aporte de Jorge E Trujillo al Blog de Familias con Éxito:

Algunas reflexiones fundamentadas en mi propia vida y en mi práctica como líder a cargo de ayudar a las personas y a las familias a alcanzar el éxito, componiendo las malas decisiones y los errores cometidos.

Cómo cada decisión cuenta y él éxito sólo es la suma de las pequeñas decisiones.

Al hablar con la gente, la mayoría nos dirá que la familia es lo más importante. Podemos llegar al consenso de que eso es lo que consideran la mayoría de las personas. Sin embargo, si vemos las estadísticas podemos constatar que el número de divorcios aumenta cada día, las madres han dejado el hogar en busca de mejores horizontes y los hijos se tienen que criar solos en compañía de personas muchas veces menos calificadas que sus madres y que desde luego los aman mucho menos que ella. La infidelidad va en aumento y en general pareciera que la mayoría de las personas pensara que esa es la forma de vida. La drogadicción ha dejado de ser algo lejano para llegar a ser la realidad de nuestra sociedad. Los embarazos tempranos truncan la vida de adolescentes. Los delincuentes parecen ser cada vez más jóvenes y muchas veces son utilizados para cometer crímenes atroces con la certidumbre que el sistema judicial los considerará una víctima y no los castigará. Entonces, ¿es real que la familia es lo más importante para la mayoría de las personas?
Hay una gran diferencia entre la teoría y la práctica, entre el deseo y la realidad, entre lo que nos gustaría y lo que hacemos.
¿Qué es lo que sucede? Hay varios fenómenos que ocurren y tiene que ver con paradigmas aceptados por la sociedad que deben cambiarse. Una pregunta que surgiría en este punto es: si hay que hacer un cambio, ¿Cuándo debe ocurrir? La respuesta es muy simple, ya. Cada minuto que se desperdicie juega en contra, mientras que cada minuto que se aproveche rendirá sus frutos.
Otro paradigma que es necesario cambiar es el sentimiento optimista de “A mí no me pasa”, por alguna razón las personas entienden las leyes que rigen la conducta humana, pero las transgreden pensando que esas leyes, que sabe inmutables, harán una excepción en su caso particular. Si bien el optimismo es bueno, debemos tener cuidado con el momento en que se vuelve contra nosotros y nos lleva al autoengaño. La realidad es que todos los seres humanos si bien tenemos características únicas e irrepetibles también somos, seres humanos igual que todos los demás, no mucho mejores que los demás ni mucho peores, las similitudes son impresionantes, por tanto, cuando vemos que algo ocurre con otra persona o familia, si hacemos lo mismo, indefectiblemente ocurrirá con nosotros y nuestra familia.
Un paradigma adicional es aquel en el que colocamos nuestro destino y el de nuestra familia en manos del azar, entonces pensamos que a las familias que les va bien es porque son “de buenas” y si a nosotros nos va mal es que somos “de malas”.
Los principios del éxito familiar son sencillos y se encuentran fundamentados en la ley de la cosecha. Aquello que siembres y cuides es lo que cosecharás.
Entonces es necesario que iniciemos con el fin en nuestra mente, la primera pregunta que debemos hacernos es: Al final de mi vida, al mirar atrás, ¿qué es lo que deseo? ¿Hijos felices y prósperos, unidos que se apoyan unos a otros y que juntos reciben los beneficios del éxito? La visión de lo que deseamos que ocurra con nuestra familia es el primer paso y entre más jóvenes desarrollemos esa visión más fácil será cumplirla. Esa visión entonces se debe convertir en la profecía de nuestra vida de modo que tengamos la plena certeza de que eso es lo que ocurrirá con nuestra familia porque eso es en lo que concentraremos todo nuestro esfuerzo e invertiremos todos nuestros recursos. Luego de determinar la visión debemos evaluar cada inversión de recursos y determinar si esa inversión apoya nuestra visión o la retrasa, en este punto debemos recordar que el tiempo es el mayor recurso que poseemos.
Sobra decirlo, pero una familia se fundamenta en un matrimonio, cómo llegamos al matrimonio, y la única razón válida es por amor, debemos amar profundamente a la persona con la cual nos casemos y debemos sentir que esa persona nos ama de la misma forma. Esto implica que todas las demás razones deben dejarse de lado, en especial razones tales como la conveniencia, o el orgullo.
Después de amar a esa persona es indispensable dialogar para determinar si ambos van en la misma dirección o sea que ambos desean el mismo resultado, esto es que ambos deben estar regidos por la misma visión. Aquí encontramos la primera causa de problemas, matrimonios en los cuales no se comparte la visión. Nietzche dijo: “cuando conocemos los por qué, podemos afrontar los cómo”. Pensemos en un ejemplo, vamos a decir que la vida es un viaje y que la visión es el lugar al que se quiere llegar, si el esposo desea ir a Nueva York y la esposa a Paris, es claro que no funcionará y aunque inicien con mucho amor, no podrán perseverar, porque se convertirá en una opción de suma cero, en la que la visión de uno sólo se puede cumplir con el sacrificio de la visión del otro. El sacrificio de la visión propia se traducirá en frustración, rabia y el sentimiento de haber desperdiciado su vida.
La visión no es negociable, no se trata de convencer a la otra persona de que siga nuestra visión, se trata de respetar profundamente a la otra persona y a su visión y si no es compatible con la nuestra es mejor terminar la relación antes que se contamine por malos sentimientos y antes que el amor se haya arraigado en el corazón de ambos, en cuyo caso se terminara decidiendo que se toma el riesgo.
El diálogo no debe ser sólo sobre la visión, si se comparte la visión entonces es necesario determinar cómo es que cada uno quiere desarrollarla, volviendo al ejemplo de antes: supondremos que la visión compartida es ir a Nueva York, entonces es necesario saber si ambos desean ir en avión ya que, si uno va en avión y el otro en barco, no funcionará.
Todo será infinitamente más fácil cuando se tienen claros tanto el final, como el camino, porque las decisiones que se tomen seguirán el camino trazado hacia el destino que ambos quieren conseguir.
Es indispensable que en todo el trayecto existan principios fundamentales tales como el respeto, muchas veces pareciera que se tiene respeto porque no se agrede físicamente ni se propinan gritos, pero ¿Se respeta la individualidad? ¿Se escuchan los conceptos? ¿Se satisfacen los deseos de ambos? O ¿uno de los integrantes del matrimonio desarrolla su personalidad y satisface sus deseos sin preocuparse mucho de qué siente la otra persona? Esto es muy fácil de transgredir, por ejemplo, ¿Dónde se pasan las vacaciones? Donde uno de ellos se siente a gusto ¿sin importar lo que el otro piense? Se come lo que ambos prefieren o ¿se come sólo lo que uno de ellos apetece? Todos conocemos el chiste que dice que si la mamá tiene frío todos nos arropamos y si tiene hambre todos comemos, pero ni no tiene frío, los demás lo padecemos y si no tiene hambre pues sencillo, no hay comida.
Si la esposa se queda en casa cuidando a los hijos, ¿es despreciada por ello? ¿El esposo considera que su aporte a la familia es mayor y más importante? ¿Proveer el dinero para la familia le da la inteligencia absoluta para tomar sólo todas las decisiones?
¿Cómo se manejará el dinero? La lógica del mundo es que cada uno es dueño de su dinero y determinan cómo pagan las cuentas, pero la lógica de los matrimonios exitosos dice que todo el dinero que entra a la familia es de la familia y que se gasta en aquellos ítems que los dos han acordado y decidido, y no hay dinero que no se monitora ni del cual la otra persona no sabe.
Hasta este punto algunos estarán pensando, Pero es que mi problema son los hijos, ¿Cómo debemos hacer con los hijos? La terrible respuesta es que si no se constituye un matrimonio fuerte no se podrá tener éxito con los hijos.
Ahora, por otro lado, si se tiene un matrimonio fundamentado en los anteriores principios se logrará que esos principios naturalmente pasen a los hijos, de modo que ellos sabrán cuál es la visión de la familia y cuál es la forma como deberán conseguirla, sabrán que el amor es fundamental y que el respeto debe ser parte del día a día, el diálogo forma parte de los hábitos familiares y los padres le consagran tiempo a cada hijo de modo que los conocen, saben sus anhelos y sus frustraciones y la familia es un apoyo para el éxito individual, en ese caso el éxito familiar estará garantizado y fluirá libremente de forma que las personas a sus alrededor no verán el esfuerzo ni las decisiones acertadas que se han tomado y sólo acertarán a decir, ¡Qué tipos tan de buenas!

Jorge E Trujillo. PhD.

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